Presupuesto que respira
Diseña categorías esenciales y un pequeño colchón para imprevistos felices, como una merienda con amigos. Usa la regla del sobresimplificado: tres grupos visibles y límites claros. Automotiza ahorro el día uno para no “depender de la voluntad”. Revisa en diez minutos semanales con café, mirando tendencias y una victoria concreta. Si una categoría aprieta, ajusta otra durante un mes, sin drama. El objetivo es claridad, no perfección contable agotadora.